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miércoles, 27 de agosto de 2008

William Faulkner: Entrevista para "Paris Review." 1956

¿Existe una formula a seguir para convertirse en un buen novelista?

99% talento…99% disciplina…99% trabajo. El buen novelista nunca puede estar satisfecho con lo que hace. Nada es tan bueno como podría serlo. Siempre hay que soñar con disparar más alto de lo que sabes que puedes. No hay que molestarse en ser mejor que tus contemporáneos o tus anteriores. Hay que tratar de ser mejor que uno mismo. Un artista es una criatura conducida por demonios. No sabe porqué lo eligen y en general está demasiado ocupado para molestarse en los porqué. Es completamente amoral: quitará, pedirá prestado, suplicará o robará a cualquiera y a todos con tal de terminar su trabajo.

¿Quiere decir que el artista debe ser completamente desconsiderado?

Su única responsabilidad es con su arte. Si es un buen artista, será completamente desalmado. Tiene un sueño. Lo angustia tanto que quiere sacárselo de encima. Y no está en paz hasta que lo consigue. Todo lo hace caminar por la plancha: el honor, el orgullo, la decencia, la seguridad, la felicidad, todo, con tal de terminar de escribir su libro. Si tiene que robarle a su madre, no lo dudará; la “Oda a una urna griega” vale cualquier número de viejitas.

¿Entonces podría ser que la falta de seguridad, felicidad, honor, sea un factor importante en la creatividad del artista?

No. Sólo son factores para conseguir su paz y contención. Y el arte no tiene nada que ver con su paz y contención.

¿Entonces cuál sería el mejor ambiente para un escritor?

Al arte tampoco le importa el ambiente. No le importa dónde está. Si me preguntas a mí, el mejor trabajo que se me ha ofrecido fue de encargado de un burdel. En mi opinión, es el ambiente perfecto para que un artista trabaje. Le da la libertad económica perfecta; está libre de hambre y miedo; tiene un techo sobre su cabeza, y nada que hacer excepto mantener un simple par de cuentas y salir a sobornar a la policía local una vez al mes. El lugar es tranquilo durante las horas matutinas, que es el mejor momento para trabajar. Y en la noche hay vida social suficiente, si desea participar, para que no se aburra; le da cierta posición en su sociedad, y no tiene nada que hacer porque la cabrona lleva los libros; todas las que viven ahí son mujeres y mostrarían deferencia, lo llamarían “señor”. Todos los truhanes lo llamarían “señor”, y podría tutear a los policías.
Así, el único ambiente que necesita un artista es la paz, soledad, y placer que pueda obtener a un costo no muy alto. Todo lo que un ambiente equivocado hará será subir su presión sanguínea, pasará más tiempo frustrado y enojado. En mi propia experiencia, las herramientas que necesito para hacerlo es papel, tabaco, y un poco de whiskey.

Mencionó libertad económica. ¿El escritor la necesita?

No. No necesita libertad económica, todo lo que necesita es un lápiz y papel. Nunca he visto que se haya escrito algo bueno tras haber aceptado regalos o dinero. El buen escritor nunca busca auspicios en una fundación. Está demasiado ocupado escribiendo. Si no es bueno, se engaña diciendo que no tiene libertad económica o tiempo. El buen arte puede venir de ladrones, truhanes o vagos. La gente en verdad tiene miedo de descubrir cuanta pobreza o dificultad puede soportar. Tienen miedo de descubrir lo duros que son. Nada puede destruir a un buen escritor. Lo único que puede alterarlo es la muerte. Los buenos no tienen tiempo para preocuparse del éxito o de hacerse ricos. El éxito es femenino y como una mujer; si te inclinas a ella te aplastará. Así que la forma de tratarla es mostrarle el reverso de tu palma. Entonces quizás ella te buscará.

¿Trabajar en las películas dañó su escritura?

Nada puede dañar la escritura de un hombre si es un escritor de primera categoría. Si no lo es, nada lo puede ayudar. El problema no se trata de que abandone su categoría porque vendió su alma para comprar una piscina.

¿Qué técnica usa para llegar a su estándar?

Que el escritor se convierta en cirujano o en albañil si le interesa la técnica. No hay una forma mecánica de hacer el trabajo, no hay atajos. El escritor joven sería un estúpido si siguiera una teoría. Hay que aprender de los propios errores; el hombre sólo aprende mediante el error. El buen artista cree que nadie es lo suficientemente bueno para aconsejarlo. Tiene una vanidad suprema. No importa cuanto admire al escritor viejo, lo quiere vencer.



Mencionó la experiencia, la observación y la imaginación como factores importantes para ser escritor. ¿Incluiría la inspiración?

No sé nada acerca de la inspiración porque no sé lo que es. He escuchado sobre ella, pero nunca la he visto.

¿Y qué me dice de la función de los críticos?

El artista no tiene tiempo para escuchar a los críticos. Los que quieren ser escritores leen las reseñas, los que quieren escribir no tienen tiempo de leer las reseñas. El crítico también es alguien que dice “Aquí estuve yo”. Su función no va dirigida hacia el artista en sí. El artista está por sobre el crítico porque escribe algo que emocionará al crítico. El crítico escribe algo que emocionará a todos menos al artista.

¿Así que nunca siente la necesidad de comentar su trabajo con nadie?

No, estoy demasiado ocupado escribiéndolo. Tiene que satisfacerme a mí, y si lo hace no necesito hablar de él. Si no me satisface, hablar de él no lo mejorará; lo único que lo hará será agregarle más trabajo. No soy un hombre literario, sino sólo un escritor. No me da placer hablar de literatura.

Alguna gente dice que no pueden entender su obra a pesar de leerla dos o tres veces. ¿Qué enfoque les recomienda?

Que la lean cuatro veces.

miércoles, 30 de julio de 2008

Jim Morrison. Entrevista con Lizzie James

Creo que los fans de los Doors te ven como su salvador, el líder que los liberará a todos. ¿Qué piensas de esto? Es una carga pesada, ¿no?

Es absurdo. ¿Cómo puedo liberar a alguien que no tiene las agallas para levantarse solo y declarar su propia libertad? Creo que es una mentira: la gente reclama que quiere ser libre, todos insisten en que lo que la mayoría de la gente quiere es la libertad, la cosa más sagrada y preciosa que un hombre puede poseer. ¡Pero eso es mierda! La gente le tiene terror a ser liberada, se aferran a sus cadenas. Y luchan contra cualquiera que trate de romper esas cadenas. Es su seguridad.... ¿Cómo pueden esperar de mí o de cualquiera que los libere si en verdad no quieren ser libres?

¿Por qué crees que la gente le teme a la libertad?

Creo que la gente resiste la libertad porque le tienen miedo a lo desconocido. Pero es irónico... eso desconocido fe alguna vez muy conocido. Es a donde pertenecen nuestras almas... La única solución es confrontarlos, confrontarte a ti mismo, con el mayor miedo imaginable. Exponerte a ti mismo frente a tu miedo más hondo. Después de eso, el miedo pierde su poder y el miedo a la libertad se encoje hasta desaparecer. Y eres libre.

¿A qué te refieres con “libertad”?

Hay diferentes formas de libertad, y hay mucha confusion al respecto. La clase de libertad más importante es ser lo que realmente eres. Intercambiamos nuestra realidad a cambio de un rol. Intercambiamos nuestra sensibilidad por una impostación. Renunciamos a nuestra habilidad a sentir y a cambio nos ponemos una máscara. No puede darse ningún tipo de revolución a gran escala antes de que primero se lleve a cabo una revolución personal a nivel individual. Tiene que suceder interiormente en primer lugar. A un hombre le puedes quitar su libertad política y no le harás daño; pero si le quitas su habilidad para sentir… eso puede destruirlo.

¿Pero cómo alguien puede tener el poder para quitarte la libertad de sentir?

Algunos entregan su libertad voluntariamente, pero hay otros que son forzados a rendirse. El encarcelamiento comienza con el nacimiento. La sociedad, los padres se niegan a permitirte conservar la libertad con la que naciste. Hay maneras solapadas de castigar a una persona que se atreva a sentir. Ves que todos a tu alrededor han destruido su verdadera naturaleza emocional, e imitas lo que ves.

¿Estás diciendo, en efecto, que somos criados para defender y perpetuar una sociedad que le priva a la gente su libertad de sentir?

Seguro… los profesores, los líderes religiosos, incluso los amigos (o mal llamados amigos) retoman la tarea una vez que los padres la dejan. Exigen que sintamos únicamente lo que quieren y esperan de nosotros. Exigen todo el tiempo que representemos sentimientos para ellos. Somos como actores abandonados en este mundo para errar en búsqueda de un fantasma... sin fin buscando una sombra semiolvidada de nuestra realidad perdida. Cuando el resto exige que nos convirtamos en la gente que quieren que seamos, nos fuerzan a destruir la persona que en verdad somos. Es una forma de asesinato solapado... los parientes y padres más amorosos cometen este asesinato con sonrisas en sus rostros.

¿Crees que es posible que un individuo se libere de estas fuerzas represivas por su propia cuenta? ¿Completamente solo?

Esta clase de libertad no puede garantizarse. Nadie puede conseguirla por ti. Tienes que hacerlo por tu propia cuenta. Si esperas que alguien lo haga por ti (alguien exterior a ti) aún dependes de los demás, todavía eres vulnerable a esas fuerzas represivas, malignas y externas.

¿Pero es posible que los que buscan esta libertad se unan para combinar sus fuerzas? ¿Para fortalecerse los unos a los otros? Debe ser posible.

Los amigos pueden ayudarse entre ellos. Un verdadero amigo es alguien que te deja poseer total libertad para ser tú mismo, y especialmente para sentir. O para no sentir; lo que sea que sientas en un momento determinado está bien para ellos. A eso apunta el verdadero amor: dejar que una persona sea lo que realmente es... La mayoría de la gente te ama por quien simulas ser... Para conservar su amor estás simulando, actuando. Y sólo consigues amar la ficción... Es cierto, estamos encadenados en una imagen, una impostura. Lo más triste de esto es que la gente se acostumbra tanto a esta imagen, que finalmente se encariñan con sus máscaras. Aman sus cadenas. Se les olvida completamente quiénes son en verdad. Y si tratas de recordárselos te odian por eso; sienten que tratas de robarles su más preciosa posesión.

Es irónico, es triste. ¿No pueden ver que lo que tratas de mostrarles es el camino a la libertad?

La mayoría no sabe lo que se pierde. Nuestra sociedad otorga un valor supremo al control (ocultando lo que sientes). Nuestra cultura se burla de las “culturas primitivas” y se enorgullece de la supresión de los instintos naturales y de los impulsos.

En parte de tu poesía abiertamente admiras y celebras a los primitivos (los indios, por ejemplo). ¿Quieres decir que no son los seres humanos en sí, sino que sólo en nuestra sociedad particular somos impuros y destructivos?

Mira como viven las demás culturas: en armonía con la tierra, los bosques, los animales. No construyen máquinas de guerra ni invierten millones de dólares en atacar a otros países cuyos ideales políticos no coinciden con los propios.

Vivimos en una sociedad enferma.

Es cierto, y gran parte de esta enfermedad consiste en no darse cuenta de que estamos enfermos… Nuestra sociedad valora y tiene mucho a qué aferrarse, la libertad es la última de sus prioridades.

Pero aún así ¿no hay algo que pueda hacer el artista? Si no sintieras que, como artista, puedes lograr algo, ¿cómo podrías seguir haciéndolo?

Yo ofrezco imágenes: conjuro recuerdos de libertad que aún se pueden conseguir. Como el concepto de las puertas, ¿entiendes? Pero sólo podemos abrir puertas, no podemos arrastrar a la gente a que las atraviese. No puedo liberarlos a menos de que quieran ser libres. Que lo quieran más que ninguna otra cosa... Quizás la gente primitiva tiene menos mierda de la que desprenderse y abandonar… Una persona tiene que estar dispuesta a abandonarlo todo, no sólo el bienestar. Toda la mierda que ha aprendido, todo el lavado cerebral mental. Tienes que abandonar todo eso para atravesar al otro lado. La mayoría no está dispuesta a hacerlo.

miércoles, 23 de julio de 2008

William Seward Burroughs. Entrevista con Conrad Knickerbocker. "The Paris Review, 1965"

[…]

¿Cuando y porqué comenzó a escribir?

Comencé cerca de 1950; tenía treinta y cinco en ese entonces; no parecía tener motivaciones especialmente fuertes. Simplemente me dispuse la tarea de plasmar en papel más o menos en un estilo de periodismo franco algo sobre mis experiencias con la adicción y los adictos.

¿Por qué se sintió llevado a plasmar estas experiencias?

No me sentí llevado. No tenía nada más que hacer. La escritura me daba algo que hacer todos los días. No creo que los resultados fueran tan espectaculares. Yonqui no es muy buen libro en verdad. Sabía muy poco sobre escritura en ese tiempo.

¿Dónde ocurrió esto?

En Ciudad de México. Vivía cerca de Sears, Roebuck, justo a la vuelta de la universidad de México. Había estado en el ejército cuatro o cinco meses así que estaba gastando esa plata estudiando los dialectos nativos. Fui a México en parte porque las cosas se estaban haciendo difíciles por la situación de las drogas en Norteamérica. Conseguir drogas en México era bastante fácil, así que no tenía que perseguirlas, ahí no había presión de los brazos de la ley.

¿Por qué comenzó a tomar drogas?

Bueno, simplemente porque estaba aburrido. No tenía mucho interés en convertirme en un exitoso ejecutivo en publicidad o lo que sea, o vivir el tipo de vida que Harvard diseña para ti. Después de que me hice adicto en 1944, en Nueva York, las cosas empezaron a suceder. Me metí en ciertos problemas con la ley, me casé, me mudé a Nueva Orleáns y después me fui a México.

En este país parece haber una gran cantidad de voyeurismo pequeñoburgués acerca del tema de las drogas, mientras que en el ámbito de la literatura parece existir una reverencia manifiesta hacia los adictos. Al parecer usted no comparte estos puntos de vista.

No. La mayoría de estos son estupideces. Creo que las drogas son interesantes principalmente como medios químicos de alterar el metabolismo y por lo tanto de alterar lo que llamamos realidad, que yo definiría como un patrón de observación más o menos constante.

Qué opina de los alucinógenos y de las nuevas drogas sicodélicas como el LSD 25.

Creo que son extremadamente peligrosos, mucho más peligrosos que la heroína. Pueden producir estados de ansiedad espeluznantes. He visto a gente tratar de lanzarse por la ventana, mientras que el adicto a la heroína más que nada está interesado en observar su pulgar del pie. Más allá de la privación de la droga, su mayor amenaza es el riesgo de sobredosis. Afortunadamente, he probado la mayoría de los alucinógenos sin sufrir estados de ansiedad. El LSD-25 me produjo resultados similares a los de la mezcalina. Como todos los alucinógenos, el LSD me otorgó un aumento de lucidez; un punto de vista alucinado más que cualquier otro alucinógeno. Puedes observar la cerradura de una puerta y parecerá estar revolviéndose, aunque estás conciente de que esto es resultado de una droga. También vi colores como en un cuadro de Van Gogh, con todos esos remolinos, y las chispas del universo.

[...]

¿Las visiones de las drogas y las visiones del arte no se mezclan?

Nunca. Los alucinógenos producen una serie de estados visionarios, pero la morfina y sus derivados disminuyen la conciencia de los procesos interiores, del pensamiento y las emociones. Son analgésicos, pura y simplemente. Están absolutamente contraindicados para cualquier trabajo creativo, e incluyo en el grupo al alcohol, la morfina, los barbitúricos, los tranquilizantes…todo el espectro de drogas sedantes. Con respecto a las visiones y la heroína, tuve un periodo alucinatorio al principio de mi adicción, por ejemplo, una sensación de moverme muy rápidamente a través del espacio. Pero una vez que se estableció la adicción, ya no tuve visiones (visión) y muy pocos sueños.

[…]

¿Usted considera que la adicción es una enfermedad pero también un drama humano, de importancia central?

Absolutamente. Es tan simple como la manera en que alguien llega a convertirse en un alcohólico. Se empieza a beber, eso es todo. Le gusta, bebe, y después alguien se convierte en alcohólico. Estuve expuesto a la heroína en nueva York (es decir, andaba por allí con gente que la consumía) yo la ingerí, los efectos fueron placenteros. Seguí consumiéndola y me convertí en un adicto. Si está fácilmente disponible, tendrás adictos por doquier. La idea de que la adicción es de algún modo una enfermedad psicológica es, creo yo, totalmente ridícula. Es tan psicológica como la malaria. Es todo cuestión de exponerse. La gente, en general, siempre se intoxicará o se drogará si le produce efectos placenteros y está a su disposición. En Irán, por ejemplo, el opio se vendía hasta hace muy poco en las tiendas, y de pronto tenían tres millones de adictos en una población de 20. También hay formas espirituales de adicción. Cualquier cosa que pueda hacerse químicamente puede hacerse de otras maneras, es decir, si es que tenemos suficientes conocimientos de los procesos involucrados. Muchos policías y agentes de narcóticos son precisamente adictos al poder, a ejercer una cierta clase de poder perverso sobre personas indefensas. Droga blanca, la llamo yo… rectitud; tienen la razón, la razón, la razón, y si perdieran ese poder, sufrirían tremendos síntomas de abstinencia. La imagen que tenemos de la totalidad de la burocracia rusa es de gente preocupada exclusivamente del poder y obtener ventajas, lo que debe ser una forma de adicción. Supongamos que lo pierden…bueno, han perdido toda su vida.

¿Puede amplificar su idea de la droga como imagen?

Es sólo una teoría, y siento que es inadecuada. No creo que nadie realmente entienda lo que son los narcóticos o cómo funcionan, cómo liberan del dolor. Mi idea es más o menos una puñalada en la oscuridad. Como lo veo yo, lo que se ha visto dañado con el dolor es, por supuesto, la imagen, y la morfina en algún sentido puede reparar esto. Sabemos que cubre las células dejando a los adictos prácticamente inmunizados contra algunos virus, contra la influenza y otras afecciones respiratorias. Esto es simplemente porque el virus de la influenza tiene que agujerear los receptores celulares. Cuando están cubiertos, como en el caso de la adicción a la morfina, el virus no puede entrar. A penas se elimina la morfina, los adictos inmediatamente caen en resfríos y muchas veces se contagian de influenza.

Ciertos esquizofrénicos también son resistentes frente a enfermedades respiratorias.

Hace mucho tiempo sugerí que habían similitudes entre la adicción terminal y la esquizofrenia terminal. Así que sugerí que les dieran heroína a los esquizofrénicos hasta hacerlos adictos, se la quitaran y vieran si podían motivarse; en otras palabras, vieran si caminarían hasta el otro lado de la habitación para coger la jeringa. No es necesario decir que no llegué muy lejos, pero creo que sería interesante.

Los narcóticos, entonces, perturban la percepción normal…

Y provocan, en cambio, un arbitrario deseo de imágenes. Si las drogas no estuvieran prohibidas en los Estados Unidos, serian el perfecto vicio de la clase media. Los adictos cumplirían con el trabajo y después volverían a casa para consumir la enorme dosis de imágenes que los espera en los medios masivos de comunicación. A los yonquis les encanta ver televisión. Billie Holliday dijo que supo que estaba dejando las drogas cuando dejó de gustarle ver televisión. O leen un periódico o una revista, y por dios, las leen completas. Conocí a este viejo yonqui en Nueva York que salía a comprar un saco de periódicos y revistas, algunas barras de dulce y varios paquetes de cigarrillos, volvía a su casa, se sentaba en su habitación y leía todo de pies a cabeza. Indiscriminando. Cada palabra.

Usted parece estar primordialmente interesado en puentear la estructura consciente, racional, hacia la que la mayoría de los escritores dirigen sus esfuerzos.

No sé hacia dónde se dirige habitualmente la ficción, pero yo me dirijo, de manera bastante deliberada, hacia el área que denominamos sueños. ¿Qué es precisamente un sueño? Una cierta yuxtaposición de palabra e imagen. Recientemente he hecho muchos experimentos con los álbumes de recortes. Leo en los periódicos algo que tal vez me recuerda algo que he escrito, o que tiene alguna relación con eso. Recorto la foto o el artículo y lo pego en el álbum junto a las palabras de mi libro. O puedo estar caminando por la calle y de repente veo una escena de mi libro, y la fotografío y la pongo en mi álbum. Te mostraré algunos. Me he dado cuenta de que mientras preparo una página, invariablemente sueño esa noche algo relacionado con esta yuxtaposición de palabras e imágenes. En otras palabras, he estado muy interesado en la precisa manera en que la palabra y la imagen se relacionan en líneas asociativas muy, pero muy complejas. Ejercito bastante lo que llamo viaje en el tiempo; transcribo coordenadas de por ejemplo lo que fotografié en el tren, lo que estaba pensando en tal momento, lo que estaba leyendo, o lo que estaba escribiendo. Todo esto para ver cómo puedo proyectarme hacia ese exacto punto en el tiempo.

En Expreso Nova indica que el silencio es un estado deseable.

El estado más deseable. En un sentido, cierto uso de fotografías y palabras pueden conducir al silencio. Los álbumes de recortes y el viaje en el tiempo son ejercicios para expandir la conciencia, para enseñarme a pensar en bloques de asociación más que en palabras. Recientemente pasé un tiempo estudiando los sistemas jeroglíficos. El egipcio y el maya. Todo un bloque se asociaciones, ¡paf! ¡así! Las palabras, al menos de la forma en que las usamos, pueden interponerse en el camino de lo que yo llamo experiencia no-corporal. Ya es hora de que pensemos en dejar atrás el cuerpo.

[…]

¿Por qué es deseable ese estado sin palabras?

Creo que es una tendencia evolutiva. Creo que las palabras, como un carro tirado por bueyes, son una manera de hacer las cosas con grandes rodeos alrededor del mundo. Son instrumentos torpes que finalmente serán dejados de lado, probablemente mas pronto de lo que creemos. Es algo que ocurrirá en la era espacial. Casi todos los escritores serios se niegan a abrirse a las cosas que está haciendo la tecnología. Yo nunca he podido entender esa clase de temor. Muchos de ellos le tienen miedo a las grabadoras, y la idea de usar cualquier medio mecánico con propósitos literarios les parece una forma de sacrilegio. Esta es una de las objeciones al cut-up. Ha habido mucho de eso, mucha reverencia supersticiosa por la palabra. Dios mío, dicen, no se puede recortar así las palabras. ¿Por qué no puedo?

[…]

¿Qué ofrece al lector la tecnica del cut-up que no le ofrezca la narrativa convencional?

Cualquier fragmento narrativa o cualquier fragmento, digamos, de imágenes poéticas, esta sujeto a cierto número de variaciones, todas las cuales pueden ser interesantes y válidas por derecho propio. Una pagina de Rimbaud recortada y reacomodada ofrecerá imágenes bastante nuevas. Imágenes de Rimbaud –verdaderas imágenes de Rimbaud–, pero nuevas. Los cut-up establecen nuevas conexiones entre imágenes, y en consecuencia el espectro de visión de uno se expande.

Usted deplora la acumulación de imágenes pero al mismo tiempo parece estar buscando nuevas.

Sí, es parte de la paradoja de cualquiera que esté trabajando con palabras e imágenes, porque después de todo esto es lo que hacen aún los escritores. Los pintores también. El cut-up establece nuevas conexiones entre las imágenes y el rango de visión finalmente se expande.

(Continuará)

lunes, 16 de junio de 2008

Sordomudo en una cabina telefónica: Un día perfecto con Lou Reed: Lester Bangs, Revista Creem

Ingresas al comedor del Holliday Inn con la expectación de conocer por fin a uno de los hombres-límite en la música y la psicología de nuestro tiempo. Lou Reed, que con su banda Velvet Underground cantaba sobre travestis y heroína al menos cinco años antes de que tales obsesiones alcanzaran el nivel masivo. Que inició su regreso como solista el verano pasado en Inglaterra, y que bajo el alero de David Bowie produjo Transformer, un clásico del rock tremendo y original. Quien, después, habiendo por fin salido del clóset, volvió a su casa de Nueva York y comenzó 1973 casándose con una actriz (y también mesera) llamada Betty (su nombre artístico, Krista) Kronstadt.

Encima de todo eso, Transformer y su single son enormes hits. Lou Reed no sólo es una leyenda, también es una estrella. En una de las entrevistas que dio el pasado verano, Lou dijo: “puedo crear un ambiente sin decir una palabra, con sólo estar dentro de una habitación.”

Tenía razón. Te sientas, y te aseguro que te das cuenta muy rápidamente de que hay un gordo vagamente desagradable en una mesa llena de gente donde se incluye a su rubia novia. Al poco rato se te acerca y su tic se hace más evidente, y te concentras en él fastidiando tu comodidad. No es sólo que Lou Reed ya no parece una estrella de rock. Su cara tiene la palidez de un asilo de ancianos, y la grasa circunda sus lados. Bebe Johnny Walker negro toda la tarde, sus manos tiemblan constantemente y cuando levanta su vaso para beber tiene que doblar la cabeza como si no pudiera llegar a su boca de otra manera. A medida que se emborracha, su ojo izquierdo empieza a perder sincronización.

A pesar de todo esto, sin embargo, se las arregla para hacer justicia a su reputación de volver las entrevistas incómodas. Te mira fijo con ese oxidado ojo fuera de órbita, carraspea y gruñe y te miente en tu cara y no puedes hacer nada. Te miente sobre su música y sobre las portadas de sus álbumes (“Era yo vestido de travesti en la contraportada de Transformer.”) Más que nada, miente sobre sí mismo. Pero lo certifica diciendo “de todas maneras, no me especializo en decir la verdad la mayoría de las veces.”

Aún así, muestra calma sobre todo lo que dice, así que no puedes enojarte mucho por eso. Como cuando Nick Kent, que está aquí también entrevistándolo para la revista New Musical Express, está en medio de una pregunta y Lou lo interrumpe: “¿No tienes calor con esa bufanda?”

“No,” resopla Nick acomplejado, “estoy resfriado.”

“Prueba el ungüento VapoRub,” lanza el enfermero Lou, “llegué con un feo resfriado a Boston, y funciona. Tienes que acostarte por dos o tres días con esa asquerosidad en el pecho y una toalla o algo así, y cada cierto alguien tiene que tener el valor de acercarse al frasco de esa mierda y ponértelo en el pecho. Como esa vez, recuerdo…” está divagando “…en que estábamos todos tomando ácido y descubrimos el gel para el pelo Dippity-do, y todos dijeron ‘¡es fantástico, es como una concha!’ Así que corrimos al baño a meterle el dedo al frasco.”

Todo es una broma para este payaso borrachín; ¡de verdad vive el argumento de divertirse un poco! Sin embargo es cierto que preocupa a sus amigos y fans verlo en tal salud decadente. Pero incluso de eso puede hacer un chiste. En cierto momento le pregunté cuándo pensaba morir.

“Me gustaría vivir hasta ser un viejo decrépito y cultivar sandías en Wyoming.” Luego se toma otro sorbo y me bravuconea: “¿sabes que te voy ganando en tragos? dos a uno”.

“¿Estás orgulloso de ti mismo?”

“Sip. No. En verdad no; es sólo que un trago de whisky es tan pequeño que tienes que chuparlo como un bebé o algo así. Yo bebo constantemente.”

“Cómo deja tu sistema nervioso?” indago.

“Lo destruye,” sonríe.

“¿Entonces cómo piensas cultivar tus sandías?

“Bueno, mi tiempo llegará. Por ahora me estoy cansando del licor porque no hay nada lo suficientemente fuerte. Ahora, si estuviéramos tomando 150 tragos de sake, o algo así…ENTONCES podría emborracharme.”

Es igualmente franco sobre el tema de las drogas. “Me drogo simplemente porque en el siglo XX, en la era tecnológica viviendo en la ciudad, hay ciertas drogas que tienes que tomar para sentirte normal como un hombre de las cavernas. Ya sea para subirte o bajarte, pero para mantener el equilibrio necesitas tomar ciertas drogas. Ni siquiera te hacen volar, sino que te vuelven normal.”

El “normal” de Lou alcanzó un Malboro. Mientras se enredaba para sacar un fósforo y prenderlo, sus manos temblaban tan fieramente que dudaba si podría prender el cigarro.

La entrevista estaba saliendo tan fabulosa que sabía que era el momento de afilar los garfios e ir al meollo del asunto, a hablar sobre sexo. ¿Qué puedes decir sobre las relaciones entre lo que haces artísticamente y la escena gay en general y específicamente?

Por primera y única vez, estuvo pulidamente elocuente. Escuchen chicos, pueden creer que tienen sus crisis de identidad y sus juegos de desvíos sexuales solucionados plenamente sólo porque asisten con los labios pintarrajeados y embrillecidos al concierto de David Bowie más reciente, pero escuchen a su papi Lou. Él tiene otro punto de vista que ofrecerles, mocosos sabelotodo:

“El maquillaje hoy en día es simplemente es una cosa de modas, como usar zapatos de plataforma. Si la gente tiene la homosexualidad dentro, no necesariamente necesitará maquillaje. No puedes fingir ser gay, porque ser gay significa chupar vergas y que te lo metan. Creo que hay algo básico que se reduce a que un tipo, si es hetero, va a decir en un momento que no: ‘voy a actuar como gay, voy a hacer esto y aquello pero no puedo hacer eso’ Igual que una persona gay que se comporta como heterosexual, pero si le dices ‘está bien, métete en la cama con esa chica’ tendrían primero que tener una erección, y no pueden.”

“La noción de que todos son bisexuales es una frase muy común hoy en día, pero creo que su validez es limitada. Podría decir algo así como ‘si de algún modo mi álbum ayuda a la gente a decidir quiénes o qué son, entonces he logrado algo en mi vida.’ Pero no creo en eso para nada. No creo que un álbum vaya a hacer nada. Puedes escuchar un disco y decir ‘Oh, esto realmente me convirtió a la vida gay, voy a ser gay’ Mucha gente tendrá una o dos experiencias, pero eso será todo. Las cosas no cambiarán una coma. Está más allá del control de una persona hetero volverse gay a la edad en que probablemente esté escuchando alguna de estas cosas o leyendo sobre ellas; Ya va a estar determinado sicológicamente. Es como decía Franco: ‘Denme un niño antes de que cumpla siete años y será mío.’ Para el momento en que un niño alcanza la pubertad ya están determinados. Los tipos por la calle usando maquillaje es sólo diversión. ¿Por qué no los hombres no deberían poder usar maquillaje y divertirse como pueden las mujeres?”

Podría ser que Lou Reed tenga una mejor perspectiva sobre esta supuesta subversión de los roles sexuales que cualquiera de los Gore Vidal y Hill Johnston. ¡Tipos saliendo de los closet en manadas y descubriendo que son homosexuales! ¡Ja! El único problema es que la forma de pensar de Lou también lo convierte en producto de la era rígidamente dualista en que creció. Un rígido estereotipo de los cincuenta para ser uno de los que ayudó a impulsar los setenta. O bien eres un dichoso “normal” heterosuburbano amante de los fines de semana, o de otro modo tienes que ser de cabo a rabo una depravada abominación exhibicionista que repta por las alcantarillas. Escuchándolo hablar no puedes evitar preguntarte cuánto de las canciones de Lou Reed tratan acerca de gente que inventa, como él sostiene, y cuánto de ellas tratan de sí mismo. En tal caso, si, digamos, “Perfect day” es autobiográfica, debe ser la persona más culposa de la faz de la tierra. Lo que haría arduo para cualquiera tener que lidiar con su propia leyenda.

Si Lou Reed parece ser el último de los rockeros transformistas de clóset por virtud del hecho de haber salido del closet para después volver a meterse dentro, debe también destacarse que mucha gente, especialmente muchos gays, creen que Lou Reed es meramente un heterosexual espectador que explota la cultura gay para sus propios propósitos. Y quién sabe si quizás puedan tener la razón. Cuando le pregunté sobre los planes para su próximo álbum sólo dijo “quizás aparezca con un álbum ultraconservador. Quizás escriba una canción anti-gay. Quizás diga ¡devuélvanse a sus clóset, maricones de mierda!’ Eso si que lo haría.”

Pero supongamos que Lou Reed es gay. Si lo es, ¿pueden imaginarse qué tipo de homosexual diría una cosa así? Quizás es eso lo que lo convierte en un maestro de la canción pop. Que tiene tal sentido monumental de la vergüenza. Es eso o que la prueba de su absoluta normalidad es el absoluto manierismo de su anormalidad oculta. Como si ya no tuviera sentido explotar el sadomaso: cada paso está calculado desde un ancestral y rígido manual de normas, en el que cada libertino terminará cortándose las bolas. Tal como dijo Lou un poco antes ese día: “La verdad es que no hay ninguna información interesante que ocultar. Todos insisten en que aquí hay una historia, pero en verdad no hay nada. Es como una ostra que se comió a sí misma.”

***

El concierto estuvo bien. La información sobre esta gira ha variado dramáticamente (dependiendo de las expectativas y de cómo Lou se está sintiendo a cada momento, supongo) y su banda, un montón de colegiales reunidos por Steve Katz, es más que adecuada.

Pero probablemente hay más aquí de lo que alcanza a ver el ojo. Katz debió tener muchos músicos de dónde escoger. Razonablemente pudo haber reunido una agrupación a lo Elephant’s memory[1], ciertamente pudo haber conseguido un equipo de requeridos músicos de sesión sin rostro si no quería que todos descalificaran a Lou. Pero lo que consiguió fue un grupo de competentes escolares hijos de vecino, ¡que también daban la casualidad de ser de los cretinos más feos nunca reunidos en un escenario! Estos tipos son la apoteosis absoluta a lo más feo de Nueva York y Nueva Jersey. Son tan nada[2] que se convierten, no en sin rostro, sino que en algo que no puedes ignorar porque contrastan tan agudamente con el estilo cuerino de Lou Reed.

Para alguien que ha basado tanto de su carrera en el sexo, Lou Reed ciertamente se ha rodeado de una banda asexual. Sería fácil concluir que lo hizo simplemente porque no quería que nadie le robara el show (en tal caso el tiro le salió por la culata: su bajista era el tipo más feo que he visto en toda mi vida), o es que está tan idiotizado que ni siquiera hizo tal tipo de consideración (es poco probable). Así que se puede concluir que Lou Reed podría haber conseguido intencionalmente una banda asexuada como una reacción al glam-rock y a su propia imagen. Lo que, si sigues el razonamiento hasta el final, exuda culpa autodestructiva. Tan sólo imagina si Lou Reed le hiciera a su guitarrista lo que Bowie le hace a Mick Jonson (simular que se la chupa), parecería el prototipo del criminal homosexual. Sería el espectáculo (en un sentido nunca soñado por gente como Alice Cooper) más repulsivo de la historia del rock.

Las audiencias, sin embargo, en general aman su show, y es gratificante verlos inundar el escenario finalmente, otorgándole a Lou Reed la adulación que ha merecido por tanto tiempo. Es sólo porque cuando empiezas a pensar en lo aburrido de su banda, el lúgubre tempo en el que canta la mayoría de sus canciones, la atmósfera fúnebre general, y a dónde te llevan todas estas especulaciones, que empiezas a fastidiarte. Porque Lou Reed por fin tuvo una oportunidad de conseguir estrellato sostenido y lo está estropeando. Por ahora se sigue sosteniendo en su leyenda, pero la gente va a comenzar a cansarse muy rápido de una leyenda que se escurre con un grupo de gelatinas detrás de él, que canta como si se estuviera quedando dormido, que se olvida de las letras la mitad de las veces, y que se queda quieto como si estuviera empotrado excepto por recordar menear el culo cada más o menos cinco minutos o saludar al público aunque sea tiempo o no de hacerlo. Toda su carrera en este momento es como tratar de timar a un casino.

Mi paga personal con Lou vino cuando volvió al hotel después de tocar. Cerca de una docena de tipos se acomodó en una sombría suite mientras el Verdadero Fantasma Precursor del Nuevo Rock se emborrachaba sentado sobre su culo y se balanceaba farfullando. Me embriagué completamente, mi decepción apareció y comencé a aguijonearlo:

“Oye, Lou, ¿no crees que Judy Gardland es un pedazo de mierda y que está mejor muerta?

“¡No! Era una grandiosa dama. ¡Una señora maravillosamente sabia y aguda!”

“Oye, Lou, ¿no crees que David Bowie es un tarado sin talento?”

“¡No! ¡Es un genio! ¡Es brillante!”

(Tiene sentido que diga una cosa así, ya que visiblemente hizo el ridículo al enamorarse de Bowie cuando viajó a Inglaterra el verano pasado.)

“Ah, vamos, ¿qué hay de esa mierda de ‘Space Oddity’? ¡Es sólo mierda a lo Paul Kantner!”

“¡No! ¡Es una obra maestra brillante! ¡Estás hablando por el culo!”
“¡Es un pedazo de mierda! ¿Por qué no dejas toda esta basura y no tratas de ser banal por un rato? ¿Por qué no escribes una canción pop desechable como ‘Sugar, sugar’¡Eso SÍ sería algo que valga la pena.!”

“No sé cómo. Lo haría si pudiera…me gustaría haberla escrito…” ¡Uf, el pobre bastardo estaba siendo tan patético que incluso su trillado exhibicionismo llorón me estaba empezando a molestar! Como todo el año pasado, cada vez que se mencionaba su nombre todo lo que escuchabas era “¡pobre Lou!” ¡Pobre Lou, pobre Lou, pobre pobre pobre pobre Lou Reed! ¡No quisieras estar en sus zapatos! ¡El artista torturado! ¡Su pobre sensibilidad lisiada! Pero yo estaba demasiado borracho para detenerme, así que me puse aún más abusivo y personal: “Oye, Lou, por qué no empiezas a tomar anfetaminas de nuevo? ¡Quizás así podrías hacer algo bueno!”

“Todavía tomo…mi doctor me las da…Bueno, no exactamente, son dosis de metanfetamina mezcladas con vitaminas…bueno, en verdad no, solo son inyecciones de vitamina C”

Seguí así por un rato; finalmente todo esto degeneró en un silencio, y una chica de su círculo tuvo que llegar y llevárselo a su habitación. Pero siempre recuerdo la última imagen de él, desparramado en su silla como un saco de papas, chupando su eterno whisky con la otra mano colgando en la sombra, como un sordomudo en una cabina telefónica. (Aún así, creo que es bastante bueno; Esta última frase la copié de él.)

Si todo esto te hace sentir lástima por el, entonces debes felicitarte: eres un verdadero fan de Lou Reed. Porque eso es exactamente lo que él quiere.

***

Aunque, por otro lado, quizás el tiempo todavía está de parte de Lou Reed. Un par de días después estaba sentado en mi pieza cuando la puerta se abrió de un golpe y se escabulló Josh, el hijo de nueve años de una de las personas con las que vivo. Es uno de estos típicos pequeños sabelotodos preadolescentes con el pelo largo y la boca grande. Inmediatamente me preguntó: “¿De dónde sacaste todos estos discos”

“Que lindo muchacho,” pensé, quizás le regale un álbum de música para niños como el de The Electric Company.”

“¡Oye!” farfulló. “¿Tienes algo de Vaaan Morrison o de Leeeon Russell?”

Está bien, pequeño pajarraco chupacaramelos, me estoy cansando de todas esta basura falta de respeto por tus mayores. Así que saqué Transformer: “¿Quieres escuchar esto?”

“Naaah”, resopla, “ya lo tengo.”

“¿A sí? ¿Y cuál es tu canción preferida?”

“‘New York Telephone Conversation.’ Pero a mi hermano le gusta esa que dice que el tipo se afeita las piernas y se convierte en una tipa.” Su hermano tiene ocho.

“Bueno, y qué piensas de ésa? Era un hombre derrotado.

“¡Creo que es genial! La escuchamos siempre.”

Así que ahí tienen. Un rato después traté de poner un álbum de America y el mocoso me llamó un “consumidor de comida saludable.” Se trata obviamente de un rapaz prodigio, pero no podemos ignorar la evidencia: Lou Reed puede estar a años luz del cenit de su poder creativo, puede se la decadente silueta de una estrella…

Pero denle un niño desde que cumple nueve años.



[1] Elephant’s memory era una banda de New York que acompaño a John Lennon y a Yoko Ono.

[2] En el original aparece en español.