miércoles, 23 de julio de 2008

William Seward Burroughs. Entrevista con Conrad Knickerbocker. "The Paris Review, 1965"

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¿Cuando y porqué comenzó a escribir?

Comencé cerca de 1950; tenía treinta y cinco en ese entonces; no parecía tener motivaciones especialmente fuertes. Simplemente me dispuse la tarea de plasmar en papel más o menos en un estilo de periodismo franco algo sobre mis experiencias con la adicción y los adictos.

¿Por qué se sintió llevado a plasmar estas experiencias?

No me sentí llevado. No tenía nada más que hacer. La escritura me daba algo que hacer todos los días. No creo que los resultados fueran tan espectaculares. Yonqui no es muy buen libro en verdad. Sabía muy poco sobre escritura en ese tiempo.

¿Dónde ocurrió esto?

En Ciudad de México. Vivía cerca de Sears, Roebuck, justo a la vuelta de la universidad de México. Había estado en el ejército cuatro o cinco meses así que estaba gastando esa plata estudiando los dialectos nativos. Fui a México en parte porque las cosas se estaban haciendo difíciles por la situación de las drogas en Norteamérica. Conseguir drogas en México era bastante fácil, así que no tenía que perseguirlas, ahí no había presión de los brazos de la ley.

¿Por qué comenzó a tomar drogas?

Bueno, simplemente porque estaba aburrido. No tenía mucho interés en convertirme en un exitoso ejecutivo en publicidad o lo que sea, o vivir el tipo de vida que Harvard diseña para ti. Después de que me hice adicto en 1944, en Nueva York, las cosas empezaron a suceder. Me metí en ciertos problemas con la ley, me casé, me mudé a Nueva Orleáns y después me fui a México.

En este país parece haber una gran cantidad de voyeurismo pequeñoburgués acerca del tema de las drogas, mientras que en el ámbito de la literatura parece existir una reverencia manifiesta hacia los adictos. Al parecer usted no comparte estos puntos de vista.

No. La mayoría de estos son estupideces. Creo que las drogas son interesantes principalmente como medios químicos de alterar el metabolismo y por lo tanto de alterar lo que llamamos realidad, que yo definiría como un patrón de observación más o menos constante.

Qué opina de los alucinógenos y de las nuevas drogas sicodélicas como el LSD 25.

Creo que son extremadamente peligrosos, mucho más peligrosos que la heroína. Pueden producir estados de ansiedad espeluznantes. He visto a gente tratar de lanzarse por la ventana, mientras que el adicto a la heroína más que nada está interesado en observar su pulgar del pie. Más allá de la privación de la droga, su mayor amenaza es el riesgo de sobredosis. Afortunadamente, he probado la mayoría de los alucinógenos sin sufrir estados de ansiedad. El LSD-25 me produjo resultados similares a los de la mezcalina. Como todos los alucinógenos, el LSD me otorgó un aumento de lucidez; un punto de vista alucinado más que cualquier otro alucinógeno. Puedes observar la cerradura de una puerta y parecerá estar revolviéndose, aunque estás conciente de que esto es resultado de una droga. También vi colores como en un cuadro de Van Gogh, con todos esos remolinos, y las chispas del universo.

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¿Las visiones de las drogas y las visiones del arte no se mezclan?

Nunca. Los alucinógenos producen una serie de estados visionarios, pero la morfina y sus derivados disminuyen la conciencia de los procesos interiores, del pensamiento y las emociones. Son analgésicos, pura y simplemente. Están absolutamente contraindicados para cualquier trabajo creativo, e incluyo en el grupo al alcohol, la morfina, los barbitúricos, los tranquilizantes…todo el espectro de drogas sedantes. Con respecto a las visiones y la heroína, tuve un periodo alucinatorio al principio de mi adicción, por ejemplo, una sensación de moverme muy rápidamente a través del espacio. Pero una vez que se estableció la adicción, ya no tuve visiones (visión) y muy pocos sueños.

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¿Usted considera que la adicción es una enfermedad pero también un drama humano, de importancia central?

Absolutamente. Es tan simple como la manera en que alguien llega a convertirse en un alcohólico. Se empieza a beber, eso es todo. Le gusta, bebe, y después alguien se convierte en alcohólico. Estuve expuesto a la heroína en nueva York (es decir, andaba por allí con gente que la consumía) yo la ingerí, los efectos fueron placenteros. Seguí consumiéndola y me convertí en un adicto. Si está fácilmente disponible, tendrás adictos por doquier. La idea de que la adicción es de algún modo una enfermedad psicológica es, creo yo, totalmente ridícula. Es tan psicológica como la malaria. Es todo cuestión de exponerse. La gente, en general, siempre se intoxicará o se drogará si le produce efectos placenteros y está a su disposición. En Irán, por ejemplo, el opio se vendía hasta hace muy poco en las tiendas, y de pronto tenían tres millones de adictos en una población de 20. También hay formas espirituales de adicción. Cualquier cosa que pueda hacerse químicamente puede hacerse de otras maneras, es decir, si es que tenemos suficientes conocimientos de los procesos involucrados. Muchos policías y agentes de narcóticos son precisamente adictos al poder, a ejercer una cierta clase de poder perverso sobre personas indefensas. Droga blanca, la llamo yo… rectitud; tienen la razón, la razón, la razón, y si perdieran ese poder, sufrirían tremendos síntomas de abstinencia. La imagen que tenemos de la totalidad de la burocracia rusa es de gente preocupada exclusivamente del poder y obtener ventajas, lo que debe ser una forma de adicción. Supongamos que lo pierden…bueno, han perdido toda su vida.

¿Puede amplificar su idea de la droga como imagen?

Es sólo una teoría, y siento que es inadecuada. No creo que nadie realmente entienda lo que son los narcóticos o cómo funcionan, cómo liberan del dolor. Mi idea es más o menos una puñalada en la oscuridad. Como lo veo yo, lo que se ha visto dañado con el dolor es, por supuesto, la imagen, y la morfina en algún sentido puede reparar esto. Sabemos que cubre las células dejando a los adictos prácticamente inmunizados contra algunos virus, contra la influenza y otras afecciones respiratorias. Esto es simplemente porque el virus de la influenza tiene que agujerear los receptores celulares. Cuando están cubiertos, como en el caso de la adicción a la morfina, el virus no puede entrar. A penas se elimina la morfina, los adictos inmediatamente caen en resfríos y muchas veces se contagian de influenza.

Ciertos esquizofrénicos también son resistentes frente a enfermedades respiratorias.

Hace mucho tiempo sugerí que habían similitudes entre la adicción terminal y la esquizofrenia terminal. Así que sugerí que les dieran heroína a los esquizofrénicos hasta hacerlos adictos, se la quitaran y vieran si podían motivarse; en otras palabras, vieran si caminarían hasta el otro lado de la habitación para coger la jeringa. No es necesario decir que no llegué muy lejos, pero creo que sería interesante.

Los narcóticos, entonces, perturban la percepción normal…

Y provocan, en cambio, un arbitrario deseo de imágenes. Si las drogas no estuvieran prohibidas en los Estados Unidos, serian el perfecto vicio de la clase media. Los adictos cumplirían con el trabajo y después volverían a casa para consumir la enorme dosis de imágenes que los espera en los medios masivos de comunicación. A los yonquis les encanta ver televisión. Billie Holliday dijo que supo que estaba dejando las drogas cuando dejó de gustarle ver televisión. O leen un periódico o una revista, y por dios, las leen completas. Conocí a este viejo yonqui en Nueva York que salía a comprar un saco de periódicos y revistas, algunas barras de dulce y varios paquetes de cigarrillos, volvía a su casa, se sentaba en su habitación y leía todo de pies a cabeza. Indiscriminando. Cada palabra.

Usted parece estar primordialmente interesado en puentear la estructura consciente, racional, hacia la que la mayoría de los escritores dirigen sus esfuerzos.

No sé hacia dónde se dirige habitualmente la ficción, pero yo me dirijo, de manera bastante deliberada, hacia el área que denominamos sueños. ¿Qué es precisamente un sueño? Una cierta yuxtaposición de palabra e imagen. Recientemente he hecho muchos experimentos con los álbumes de recortes. Leo en los periódicos algo que tal vez me recuerda algo que he escrito, o que tiene alguna relación con eso. Recorto la foto o el artículo y lo pego en el álbum junto a las palabras de mi libro. O puedo estar caminando por la calle y de repente veo una escena de mi libro, y la fotografío y la pongo en mi álbum. Te mostraré algunos. Me he dado cuenta de que mientras preparo una página, invariablemente sueño esa noche algo relacionado con esta yuxtaposición de palabras e imágenes. En otras palabras, he estado muy interesado en la precisa manera en que la palabra y la imagen se relacionan en líneas asociativas muy, pero muy complejas. Ejercito bastante lo que llamo viaje en el tiempo; transcribo coordenadas de por ejemplo lo que fotografié en el tren, lo que estaba pensando en tal momento, lo que estaba leyendo, o lo que estaba escribiendo. Todo esto para ver cómo puedo proyectarme hacia ese exacto punto en el tiempo.

En Expreso Nova indica que el silencio es un estado deseable.

El estado más deseable. En un sentido, cierto uso de fotografías y palabras pueden conducir al silencio. Los álbumes de recortes y el viaje en el tiempo son ejercicios para expandir la conciencia, para enseñarme a pensar en bloques de asociación más que en palabras. Recientemente pasé un tiempo estudiando los sistemas jeroglíficos. El egipcio y el maya. Todo un bloque se asociaciones, ¡paf! ¡así! Las palabras, al menos de la forma en que las usamos, pueden interponerse en el camino de lo que yo llamo experiencia no-corporal. Ya es hora de que pensemos en dejar atrás el cuerpo.

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¿Por qué es deseable ese estado sin palabras?

Creo que es una tendencia evolutiva. Creo que las palabras, como un carro tirado por bueyes, son una manera de hacer las cosas con grandes rodeos alrededor del mundo. Son instrumentos torpes que finalmente serán dejados de lado, probablemente mas pronto de lo que creemos. Es algo que ocurrirá en la era espacial. Casi todos los escritores serios se niegan a abrirse a las cosas que está haciendo la tecnología. Yo nunca he podido entender esa clase de temor. Muchos de ellos le tienen miedo a las grabadoras, y la idea de usar cualquier medio mecánico con propósitos literarios les parece una forma de sacrilegio. Esta es una de las objeciones al cut-up. Ha habido mucho de eso, mucha reverencia supersticiosa por la palabra. Dios mío, dicen, no se puede recortar así las palabras. ¿Por qué no puedo?

[…]

¿Qué ofrece al lector la tecnica del cut-up que no le ofrezca la narrativa convencional?

Cualquier fragmento narrativa o cualquier fragmento, digamos, de imágenes poéticas, esta sujeto a cierto número de variaciones, todas las cuales pueden ser interesantes y válidas por derecho propio. Una pagina de Rimbaud recortada y reacomodada ofrecerá imágenes bastante nuevas. Imágenes de Rimbaud –verdaderas imágenes de Rimbaud–, pero nuevas. Los cut-up establecen nuevas conexiones entre imágenes, y en consecuencia el espectro de visión de uno se expande.

Usted deplora la acumulación de imágenes pero al mismo tiempo parece estar buscando nuevas.

Sí, es parte de la paradoja de cualquiera que esté trabajando con palabras e imágenes, porque después de todo esto es lo que hacen aún los escritores. Los pintores también. El cut-up establece nuevas conexiones entre las imágenes y el rango de visión finalmente se expande.

(Continuará)

2 comentarios:

Oliver Allen dijo...

William Seward Burroughs. Entrevista con Conrad Knickerbocker para "The Paris Review, 1965"

Alfredo Ajenjo dijo...

qué bien, más burroughs.